Mi primer Neruda
Bueno, siguiendo con la onda blue... les quiero compartir este el primer poema que conocí de Neruda, no el primero que leí, sino el primer poema que me llegó a lo más profundo de mi alma, ese que me hacía querer correr entre sus palabras, ese que me hacía sentir urgencia de terminarlo, como si me fuera a brindar algún tipo de morboso placer, si, tal vez este fué el primer poema que me hizo tener un orgasmo literario (si me permiten tal expresión), claro, la intensidad de sus palabras me seguía llenando a medida que las tomaba en mi interior, quitándome el aliento, dejándome siempre con más... vaya de sólo recordar aquel cuaderno donde tenía mis cosas favoritas, siento ganas de más, y le daré rienda suelta a estas ganas de placer producido por palabras...
Los dejo con el que para mí, siempre será mi primero, mi primer Neruda.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de orígen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimiento ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y de mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
aterido, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
WOW, no sé que opinen, pero wow, sin palabras, me disculpan, necesito un cigarro...
