NO LO CONOCÍ
Ayer Mientras trataba de disfrutar de las historias de mi amigo y de sus amigos, mientras me reía en la obviedad de los chistes y trataba de entender aquellas cosas que sólo tienen sentido para ellos, pensaba qué tanto te amo, qué tanto te extraño, cuánto te deseo...
En ese momento apareciste, te vi mientras lentamente te acercabas y sólo podía pensar que eras perfecto... esos ojos claros, esa piel trigueña, tus labios un poco rojos, no mucho, no poco, pero lo suficientemente como para provocarme esas ganas incontrolables de besarte, tu cabello castaño, con leves visos rubios... eres alto pensé, eres delgado, tu piel y la mía podrían verse bien haciendo el amor, podrían verse bien en las fotografías que algún día nos tomaríamos, llevaste tu mano a tu pecho y vi que tan grandes eran, casi pude sentir que podrías tomarme de la mano cada vez que perdiera el rumbo, pensé que con esas manos podríamos llevar a nuestros hijos al colegio...
Deseé tanto que entraras a ese café, deseé tanto que me siguieras mirando durante mucho tiempo, que pidieras una bebida fuerte, que no quitaras tu mirada de mis ojos, que preguntaras por mí, que me pidieras mi número telefónico, que... tantas otras cosas sucedieran.
Pero no entraste, desde que te vi, no separaste tus mirada de la mía, descaradamente te seguí mirando hasta que pasaste por mi lado, hasta que te perdiste en la distancia, hasta que me di cuenta que no nos ibamos a conocer, que nunca sabré si te gusta el café, que nunca sabré si soy para tí, me cuenta que deseo demasiado y demasiado pronto, que ese es mi error.
Vuelvo a escuchar la historia del turbante, era ella misma, es la misma historia, es otra, no lo sé, sólo sé que debo dejar de buscarte amor, o tal vez nunca llegarás a mi.




Lidia Cervantes dijo
Uyy, cuantas cosas imaginamos buscando ser amadas. Como idealizamos el amor.
Muy bello tu escrito, me ha gustado mucho.
Un beso guapa
18 Octubre 2007 | 04:42 PM