HISTORIAS ROTAS I
Una noche como cualquier otra después de hacer una compra, llego al café de siempre, y mientras esperaba que la mesera me atendiera, he decidido pedir un expreso y una hoja para escribir una nota para mi amiga, he planeado decirle una vez más que la extraño, que el café no sabe lo mismo sin ella, que los días pasan irremediablemente rápido a través de mi vida y nada nuevo sucede, que el tiempo está arrasando conmigo sin mostrar ninguna compasión, que la monotonía me está ahogando y que la necesidad de cambio me hace sentir fuertes flujos de adrenalina en la sangre, que siento que el miedo me congela en los momentos menos indicados… la mesera aún no nota mi presencia, pienso en la broma de siempre, usaré mi invisibilidad para el mal, al menos así seré notada de vez en cuando, aunque nadie sea consciente de mi presencia, pero no es así.
Cerca de mi, en la barra, un hombre, cercano a los 30 años, ha notado mi llegada, está tomándose un café, igual que yo planeo hacerlo, está compartiendo su vicio con la gente a su alrededor, auque está solo, al igual que yo, nada en particular, excepto ese temblor que comienza a tomar posesión de mi cuerpo, no sé que pasa, deja de escribir por un momento, para llamar a la mesera para que me atienda, ha mirado en mi dirección y con una pequeña mueca que confundo con una sonrisa, me deja saber que me ha visto, y que sabe que necesito cafeína…
Un café, un escrito, siento que Milán Kundera comienza a dar vueltas en mi cabeza, debe estar por marearse, al recordarme que un libro es la clave, que alguien a mi alrededor reconocerá en mí esas pequeñas señas del destino, algo está a punto de suceder, e inevitablemente mi mente empieza a divagar, venimos a lo mismo al mismo lugar de siempre, y nunca antes nos habíamos notado, debe ser que hoy es diferente, y estamos destinados a formar algún tipo de conexión.
No sé cómo pero ya he pedido mi expreso, mi hoja y he empezado a escribir a mi amiga, pero nada de acuerdo al libreto, escribo sobre él, sobre sus tímidos ojos a través del cristal de sus lentes, de su escritura pausada pero decidida, trato de imaginar cuál es su motivación, y sé que debo hacer algo, estoy temblando y quiero hablarle, hay alguien en la barra entre los dos, este tercer individuo se presenta inmóvil, absorto en sus propios pensamientos, y mientras tanto sólo puedo pensar en el, y con una mirada y una leve sonrisa descontrolada le digo gracias…
He escrito otra nota, le digo que tal vez sea una tontería, pero que he notado que está sólo, al igual que yo, que disfruta de un café, al igual que yo, que está escribiendo algo, al igual que yo, que tal vez, en algún momento podamos compartir una taza de café, y en un mismo espacio escribir algo nuevo, le doy las gracias y firmo con mi número de móvil, tal vez, sea atrevido, lo peor que puede pasar es que nunca llame, que llame y no congeniemos, y que nuestras vidas sigan como si nada, como hasta ahora, pero cabe la posibilidad, de que encuentre un amigo en él, o un amante, o un compañero ocasional para un café…
Notando que aunque no estoy lista para hablarle, mi café se ha acabado, maldita sea la hora para pedir un miserable expreso, que ni siquiera está a la altura de un café instantáneo mal preparado, así que para matar tiempo, llamo a mi amiga Valerie, para contarle lo que está sucediendo, o lo que no está sucediendo, pero que planeo hacer… mientras entra la llamada, he pedido otro expreso, necesito tiempo, no cafeína, pero qué más hago, cuando le digo a mi amiga que hay un hombre divino al otro lado de la barra, la mesera me entrega el café, se da la vuelta y le cuenta al hombre de las gafas y la barba de tres días, lo que he dicho… en ese momento no puedo hacer nada sino tratar de tragar lentamente el café que se ha teñido del amargo sabor de la vergüenza, las risas que les he provocado, aún hoy, siguen sonando en mi cabeza…
Saco el dinero para pagar la cuenta, mientras tanto, me levanto y considero una vez más si entregarle la nota a este hombre, pero la risa que ya ha callado su sonido en el ambiente, se encuentra flotando en mi rostro, cual letra escarlata, que me indica que jamás seré capaz de hablarle, menos aún de invitarle a llamarme…
Mientras dejo el dinero en la barra, trato de caminar con una normalidad que me es imposible concebir en mi imaginación, mientras trato de mantener mi cabeza en alto, arrugo el papel, ya blando por el sudor de mis manos, y sin saber cómo me he subido en un taxi con un desagradable olor a nuevo, a falto de historias, mi estómago se revuelve, bajo la nauseabunda sensación de que las insensatas lágrimas que corren por mi rostro serán una de las primeras historias rotas que caerán para morir en el amanecer sobre el tapizado del sillón trasero…
En un muy poco coherente diálogo con Dios, le digo que cuánto me encantaría romper mi relación con él, que no entiendo como es posible que con tanto anhelar el amor, hasta un simple avance sobre un desconocido que poco o nada afectará mi vida, se me convierta en una historia más, de un roto corazón que no llena su vacío de sentimientos.



eternoamor dijo
Hola, wow es todo lo que puedo decir al ver tu blog, por que me siento tan identificada, seguro no sere la primera ni la ultima en decirte esto , pero mi sentir es muy parecido y bueno me encanto tu historia y yo simpre le hecho la cumpla a los cuentos de hadas que me hacen soñar con un amor como el de las historias y de repente choco con la realidad, en fin es el sabor de la vida y las historias........
26 Marzo 2008 | 06:53 PM