EL EFECTO DE LA MAÑANA SIGUIENTE
Sus labios me han encantado desde que lo vi, era muy alto, un muchacho desgarbado que como bien dijeron en Clueless: "está traicionando a nuestra generación" con esos pantalones de bota exageradamente ancha; las camisetas 10 tallas más grandes de lo que debería, y la cachuchas; no supe en qué momento la cachuchas se convirtieron en un obligatorio de la vestimenta de los hombre de mi generación... así se vestía, es de pelo churco y largo, tenía unas gafas de marco plateado, eran huesos; si, huesos, como tibias o peronés, que se yo, debieron ser una advertencia, y tal vez lo eran, obviamente no lo supe sino hasta que era demasiado tarde.
Recuerdo que en aquella época, yo no era más que el, físicamente, un pequeño saco de huesos estirándose poco a poco hasta las 170 centímetros que llegué a medir un par de años después. Con escasos 40 kilos de peso, con diminutos senos, son la misma cantidad de trasero que me acompaña hoy, y con mi nariz versión 2.0 - la que 12 años después llegó a la versión4.0 - jamás me imaginé que un chico como aquel, que escuchaba música que en la vida me hubiera imaginado que existía, tan de mundo, tan aparentemente intelectual, se fuera a fijar en mí.
Tal sería las pocas expectativas que tenía yo en un chico como aquel, que cuando nuestro compañero costeño de las clases de inglés me pasó un pedazo de papel, que decía: "Laura, que si le das tu número de teléfono a Andrés"; yo en medio de mi inocencia, le escribí: "y para qué lo quiere?" hahaha, la respuesta era obvia pero no por eso poco reveladora: "pues para llamarla!"
Oh Dios mío! Andrés quiere llamarme! Eso quiere decir que le gusto! Yo, flaca, sin senos, sin curvas, solo con huesos, sin la ropa linda y sexy de mis compañeras, yo, recién desempacada del pueblo le intereso a este chico de ciudad...
Lo que pasó después fue una serie de "salidas" después de clases del instituto de inglés, a caminar por la ciudad. Esta es otra cosa desconcertante para mi mente de 16 años: EL quiere caminar y charlar conmigo, lo increíble es que teníamos tanto en común, como si hombres y mujeres en adolescencia plena fueran tan distintos; él escribía un libro, el primero le llamaba él, y supuestamente yo estaría en él, y yo escribía poemas y el obviamente estaba en ellos.
Debo reconocer que sus labios resultaron aún más dulces de lo que yo me hubiera imaginado. Un día me invitó a almorzar; no sé qué tanto tiempo llevaba yo decidiéndolo, pero estaba hecho: Andres sería mi primera vez.
Llegué a su casa, el fumando un tabaco y preparando la carne, escuchando quien sabe qué grupo de música que yo no entendía pero que empezaba a disfrutar (ay molotov!) esa era la tarde en la que todo iba a suceder; su madre no estaba en casa, ocasión perfecta; y yo tendría mi primera vez con este chico que no era de mi pueblo, con este magnífico ejemplar de hombre citadino adolescente libre de acné - gracias a Dios -.
Como en toda buena novela mexicana, después de los apasionados besos, después de que la ropa voló a través de la habitación; las hormonas habían dejado de conectarse con el cerebro y habían tomado posesión de mi cuerpo, le dije: Es mi primera vez.
Jajajaja, jamás en la vida había visto un rostro tan aterrorizado! Me dijo, no Laurita! Yo no puedo ser tu primera vez, créeme no te conviene!
Sobra decir que no se le insistió, que la ropa volvió a su sitio, las hormonas dejaron de usar mi cuerpo como pista de carreras, que la confusión más no dolor me invadió y bueno, seguimos saliendo, jamás hablamos del tema.
Años después volví a encontrarlo en la ciudad, esa ciudad que estaba a punto de volverse pequeña, y un par de tragos después sucedió lo que debía suceder: Le dije que era un tonto, que como era posible que me hubiera hecho eso, y entonces me explicó cómo funciona la mente de la mujer adolescente:
Ella cree haber escogido al individuo perfecto para entregarle el regalo más preciado que tenía en la vida, y que dado que el no me amaba en ese momento, yo me hubiera equivocado al escogerlo a él. Pues me le he podido reír en la cara, aún recuerdo que yo en realidad simplemente quería saber que era el sexo, quería experimentarlo, vivirlo, pero nunca tuvo el significado romántico y hasta retrógrado que él creía.
Sobra decir, que desde ese momento hasta ahora, de cuando en vez, nos vemos, y lo acepto, tengo un amigo con derechos, excepto que no somos amigos, ni lo llamo ni me llama cuando tiene problemas, solamente nos brindamos noches de pasión, de besos, de caricias, de placer, solo basta una llamada de mi parte para que el esté disponible, solo basta unas 10 llamadas de su parte para que yo acceda. No me arrepiento, no creo que debería hacerlo, pero siempre que salgo de su apartamento, de sus sábanas, de sus labios, con su olor en mi piel, con su aliento en mi sonrisa, siempre pienso, que quiero algo más, y me pregunto si llegará el día que en esas noches de sexo vayan acompañadas nuevamente de un te amo; ese es el efecto de la mañana siguiente, la incansable y siempre presente duda, es esto correcto simplemente porque lo quiero, o debería esperar a que llegue lo que deseo?
Y porqué no amarlo a él? Porque como el bien lo dijo y yo lo he adaptado, el no es para amarlo, sino para disfrutarlo.
